SOY HIJA DE ARRATIA

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“Nuestro historia constituye nuestra forma de ser. Somos el resultado de nuestra historia”

Hoy os quiero hablar de mis valores, esto tan importante que me configura como persona y que está determinado en parte por un sistema en este caso antropológico/cultural que es el que reivindico y me enorgullece: nací en un valle al pie del Gorbea: el valle de Arratia y además de un paisaje precioso tiene unas gentes increíbles, de las que me siento formar parte, gentes de palabra, donde se entiende que la palabra es el espejo de la dignidad del individuo, y que tiene un efecto inmediato sobre la imagen pública (muy por encima de factores como la repercusión en la escala social, la posición económica, de la moda, la capacidad de influencia), gentes trabajadoras, con determinación, persistentes, humildes, fieles (a la familia, a los amigos, a las tradiciones), enérgicas. Del mismo modo presentamos el otro lado de de la moneda: gentes duras, tal vez hasta ariscas, poco diplomáticas.
En este mismo orden, provenimos de un sistema familiar en el que el trabajo, la positividad, la constancia, el ser “buena gente” son su razón de ser. Mis antecesores son mi aita un empresario con un pequeño taller de mecanización de piezas y mi ama “la capacidad” personificada, mujer con una vitalidad fuera de lo común y protectora de su nido.
En este entorno nací y me crié hasta que busqué el mar, y ya con el horizonte mucho más amplio, con la percepción de que la forma de ser de las gentes varía tanto en una distancia tan corta, cada día me siento más orgullosa de ser Hija de Arratia.
Más allá de lo que podáis ver en una foto, donde la imaginación del que la percibe describe una realidad, quiero hacerme mas visible y no se me ocurre mejor manera que exponer MIS VALORES: trabajo, constancia, esfuerzo, humanidad, la transparencia (no engaño), la pasión, el compromiso (la palabra dada) y respecto a las “otras” de las que menos orgullosa me siento, quiero creer que el salitre de este mar Cantábrico las vaya comiendo, desgastando, suavizando…..

La reflexión anterior surge a raíz de cuestionarme cual es mi identidad privada y pública y de considerar que la identidad es el resultado de la propia historia. De cómo el presente determina la necesidad, el pasado establece las alternativas y el futuro es la oportunidad.
Lo que ya aconteció dejó de ser posible, y entendiendo por destino aquello que efectivamente acontezca. Poniendo especial énfasis en que, lo que separa el destino de lo posible es “el poder” del individuo para actuar o para generar acciones.
Existe a la vez una tendencia a mantenernos dentro de “nuestras historias” y los patrones de comportamiento que éstas nos delimitan. Ahora bien, cabe la vía de intervenir en esta dinámica, al cuestionar el principio de coherencia que define la forma de ser del individuo y ésta es una de las competencias del coaching ontológico: abrir posibilidades de cambio y transformación en el núcleo de coherencia de las personas.Por último señalar que nuestra identidad también está definida por determinados juicios y emociones maestras que constituyen igualmente posibilidades o cautiverios que nos limitan y sobre todos ellos trataré en próximas ocasiones.

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